La victoria de España en nuestras vidas Fecha: 13/07/2010
Posiblemente este sea uno de los cientos de artículos que se escriban durante los próximos días y meses con motivo de la victoria de la Selección Española en el Mundial de Sudáfrica, en el que se busque una conexión entre el mundo del deporte y el de la empresa y los negocios. La primera tentación es que el artículo esté centrado en los valores más identificativos de este triunfo y en cómo extrapolarlos al terreno profesional: trabajo en equipo, compañerismo, liderazgo de Vicente del Bosque sin estridencias, sin ataques de entrenador y dejando que los jugadores sean siempre los protagonistas, el diálogo y la escucha activa como base para mejorar, la firme convicción de ser fieles a su juego de toque, de ir poco a poco, partido a partido, sin jamás menospreciar al rival, recapacitar y tener capacidad de levantarse ante la derrota, etc., etc. Todos estos y muchos más valores que a buen seguro me dejo en el tintero.
Esta generación de futbolistas nos ha hecho alcanzar la gloria, comernos las uñas, vivir un domingo de taquicardia infernal, botar de felicidad, mojarnos en la fuente más cercana y llorar como padres primerizos porque han ganado. Simplemente y llanamente por eso: Son Campeones del Mundo. Ya se lo dice Fernando Alonso a sí mismo cada vez que pierde y le dan una consoladora palmadita en la espalda, porque al final su pensamiento es que: “El segundo es el primero de los tontos”. Está bien eso de establecer metáforas y paralelismos entre La Roja y la empresa, de dejarnos llevar por la euforia, de creernos a pies juntillas la estadística de que, los países que ganan una Copa del Mundo su PIB crece entre un 0,7 y un 2% el año siguiente y su natalidad se incrementa de manera exponencial. Maravilloso si se cumple. Pero muchas veces parece que se nos olvida que España siempre ha tenido buenos jugadores, que ni por asomo han conseguido los logros del actual combinado nacional, porque lo que hará que éstos 23 sean eternos son sus triunfos, su afán de victoria, la capacidad de ser competitivos y el no sentirse nunca inferiores a nadie, ya sean éstos elegantes y potentes alemanes o camorreros holandeses. ¡Cuántas veces hemos escuchado últimamente!: “Han tenido que venir los alemanes a sacarnos las castañas del fuego”, “es que no hay
nadie como los italianos a la hora de vender” o “fíjate como los franceses protegen lo suyo”. ¡Fuera ya clichés y estereotipos! Vamos a trabajar y a mover el culo. Porque al final somos nosotros mismos los responsables de nuestras vidas, porque la suerte se busca con esfuerzo y dedicación. Es como la musa para el artista, una dama muy esquiva que sólo se conquista tras muchas horas de trabajo diario. Vamos a cumplir nuestros objetivos y metas paso a paso, y a no parapetarnos en excusas triviales cuando no luchamos hasta la extenuación. Es difícil y duro, por supuesto. ¿Alguien dijo que no lo sería? ¿Desde cuándo la vida ha sido fácil? Los caminos de rosas no existen, ya ni existen las películas con final feliz, porque siempre hay uno que le dejan plantado. Esto es una etapa reina del Tour: con ataques de rivales por todos lados, con pájaras y gran miedo a las caídas en los días de lluvia y tan sólo en algunas ocasiones, tendremos la posibilidad de comer tranquilos en la bici disfrutando de la belleza de los valles pirenaicos. Cada uno de nosotros mismos tiene en su mano ir a por todas para alcanzar el Walhalla de los sueños y aspiraciones personales. Fijo que merecerá la pena. La mejor enseñanza de esta victoria es que la felicidad está en nuestras manos.
Alberto Magariño Montejano – Director de Proyectos de Grupo ROS